Jane Brodie, Julia Isidrez y Verónica Romano
Esculturas
2013
Has fundado tu reino en la tormenta, bajo el ala inasible de una desesperada y única primavera.


Olga Orozco

Aquí esta sucediendo algo tan ínfimo, tan momentáneo, tan imperceptible que debe ser el reflejo opacado de un milagro. La mano que no se deja leer ni por el aprendiz de un mago. Quizá por eso estos objetos con honor, traen entre sus pliegues la dignidad de la transparencia. ¿Pero si sobra elegancia, porqué tanta aridez? ¿Será la materia? ¿La economía de la cosa en lo más alto de su propia síntesis? ¿Lodo cocido? ¿Papel arrugado? ¿Metal contracturado por la falta de fuego? ¿Qué estará comunicando esa materia? ¿Qué nada de esto va a durar, más allá de la belleza que adoptó para que la quisieran? ¿Y si esto fuera así, qué la diferenciaría de la especie humana? Tres artistas arrastraron hasta aquí sus profecías. Las inmovilizaron para que podamos observarlas desde el vórtice. Flujo turbulento en rotación espiral que nos lleva hasta su centro. Si la obra de Isidrez transpola la misma visión originaria que la de Brodie, llevando las cosas al mismo lugar por el camino exactamente contrario; es necesaria la presencia axial de la tarea que Romano lastra desde la Academia para que todo se vuelva lenguaje escultórico. Después están los muros. La casa toda blanca. Los emplazamientos, la sala y afuera: las plantas. Y más allá el río que no se ve. La silenciosa luz que viaja sobre las cosas mientras el polvo se va depositando sobre las estatuas del salón. Y las preguntas de cada hora. Que vuelven para pedir nuevas preguntas, y humedecen los ojos hasta el próximo milagro.
Teo Wainfred