Elena Dahn, Marcolina Dipierro y Nicolás Vasen
DDVXYZ
2016
El corazón de las cosas

DDVXYZ en MCHG Por Marina Mariasch

Esperamos que pase algo bajando el dedo por el felpudo suave del trackpad. Pasamos horas en internet creando proyectos. Esas horas son nuestro crossfit. Nos agotan y nos hacen sentir bien y mal. Ahí encontramos comunidades. Como en el espacio, un meteoro, una célula, un metal. Una roca en leve equilibrio, un marco y un lino, unos órganos sin cuerpo se encuentran en las coordenadas del tiempo como en una paleta de emojis.

La vida en el living no siempre es del todo cómoda. Hay objetos cortantes o que amenazan con desestabilizarse, lastimar. La belleza se escapa como la tela de los marcos, el corazón del pecho y así. Una roca en el camino puede ser un perfecto marido: fiel, expresiva, protectora. O puede ser la representación política de un cerebro o un corazón. La cosa misma, mineral inerte que nos devuelve al paño de lo inhumano. La vuelta a los elementos primarios, la emoción de la materia que se encuentra en las capas geológicas de la tierra. El sueño de convertirse en cosa, “una imagen insobornable que se regala”. Una roca es una roca es una roca es una roca. Objetos visuales tautológicos que guardan una parte de sí siempre oculta, como la luna aunque se nos muestre llena. Una cosa permite la ilusión de acariciar lo que está fuera del lenguaje.

No es tan fácil abandonar a las personas. Tampoco a las cosas a veces aunque aparezca lleno el tacho de objetos perdidos y encontrados. Soportamos el peso del mundo como titanes, de un lado a otro, subiendo cuestas, haciendo equilibrio sobre la fragilidad de los objetos. Investigamos el límite de las relaciones, entre los materiales, hierro y vidrio, a punto de romperse en un encuentro, en el choque. Un corazón se vuelve músculo, cosa, roca. Nos desorganizamos.

Construir comunidad es un riesgo. Nos corremos de la posibilidad de hacer obra para no caer en el destino trágico de la disolución. La obra es el lugar de lo uno, de la totalidad, de un creador, de un sujeto único. La obra de arte es un mito. El mito aquí se pone en suspenso para construir un diagrama de cosas plurales. Quedan relegados de la obra y del resto del mundo, no tienen lugar en uno ni el otro, es la frontera, no están adentro ni afuera, no tienen principio ni identidad. Tampoco es la energía ni el producto. El paño y el marco están por fuera de las oposiciones, dislocan sistemas, universos y lenguajes. Pueden cerrar la imagen y no dejar nada, pueden ocultar las cosas, proteger los objetos, darle sentido al mundo. Todavía no sabemos si nos encanta el siglo xxi. Estamos esperando que pase algo.