Bruno Gruppalli
Exilio y una nueva sensación
2017
Exilio y una nueva sensación 1
Exilio y una nueva sensación 2
Exilio y una nueva sensación 3
Exilio y una nueva sensación 6
Exilio y una nueva sensación 5
Exilio y una nueva sensación 4
1.

¿Son nuestras intenciones, o la tensión que sentimos?

Nadie puede confirmar tus comentarios. Eso me lo enseñaron hace mucho y nunca lo pude olvidar, por suerte. Es tan fácil hablar de uno, de una, de los lazos de familia... Pero, ¿quién puede justificar el acento en la presión de los gobernantes cuando se mira hacia adentro? Mi hermano fundó una lista para terminar en la remesa de un sillón. Yo trabajo y no me gusta la gente. Los mariscos se cocinan sobre el fuego de una hornalla, un proyecto se cuece en este momento. Y como quien atrapa un descuento en la Feria de las Naciones, yo escucho música de noche. ¿Cuál es el consuelo de entrega para decir las cosas y no hacerse cargo de lo que en realidad estoy buscando? Lo que promovió el fieltro de la aparición contrastada con el grupo óptimo, derivó en el mejor equipo humano que se haya unido en divina promoción.¡Las cosas que hay para contar, las cosas que no vamos a decir! ¿Te digo algo potente? La voz se puede hacer, pero el ritmo se aproxima o no existe.

Cuando pienses en la turbulencia de un viaje, lo vas a hacer para intentar prevenir la turbulencia de ese viaje. Muchas veces me encontré en el local con una amiga. El método funcionó siempre, y espero lo mismo para ese gerente. No voy a premiar al que espero sin estar seguro, sin estar segura de que el cuidado que me debe ofrecer no puede llegar a poner su propia suerte en mi cama, porque además de confesar mis frentes quiero agradecer y dejar en otro lado las fotos que preparo cada día cuando pienso en el salón del otro lado.

Ser cuidadoso, ser cuidadosa en las fechas, en los recursos, nunca fue un problema, sino justamente lo contrario. Un deber marcó el derecho desde que las cosas se impusieron, tiernamente al principio, con dolor después, inevitablemente desde algún momento.

Volver siempre me asustó, pero un casino real impone confirmar el pago.

Camila Santos Viedma / Nicolás Moguilevsky, Buenos Aires, primavera de 2017.


2.

“¿A quién se comunican la lámpara, la montaña, o bien el zorro?” Walter Benjamin

Nos complace presentar un nuevo cuerpo de trabajos de Bruno Gruppalli que oscila entre el dibujo, el collage y la escultura, combinando objetos y distintos materiales que refieren principalmente al cuerpo humano y a cierto imaginario de austeridad. Los mismos fueron acumulándose durante finales del año pasado y la fecha actual, sin una clara intención de exhibirse juntos sino más bien uno relacionaba o disparaba al otro. Trasladando la inauguración al hogar de Gruppalli se genera un entorno particular para la relación y visionado de las obras, cargando de diversas connotaciones los materiales elegidos y abriendo un posible vínculo con la propia biografía o autorepresentación.

La representación del cuerpo como un estado de ánimo es el punto de partida de la selección de las piezas. Comienza con la serie de dibujos “Debo reservarme para mí mismo. No debo repetir comentarios de otros acerca de mí” donde el artista prende fuego una hoja a4 y a partir de ese pequeño incendio que se forma en el papel, dibuja unos cuerpos que comparten entre si algunas poses de sumisión, espera o pedido de algo. La transferencia de un material de un contexto a otro y el intento de producir una nueva realidad objetual en este traslado, cuya coherencia no sigue ninguna regla anterior si no que produce una nueva lógica, es una constante en casi toda la exhibición. Un recorte de revista humaniza un trozo de madera que descansa en distintas botellas (en “Subterraneos”) o unas medias que parecen mantener una conversación (“Amaba las tradiciones arcaicas, los casos extraños, los hechos sin explicación”), por ejemplo. De esta manera la idea de collage (y su vinculo directo con el uso en las vanguardias de principios del siglo xx) aparece para subversionar las relaciones cotidianas de fondo / figura y principalmente intenta relacionar de manera directa cotidianidad y trabajo artístico en una única superficie. La galería como una casa y las obras como objetos que descansan allí. En el único trabajo donde la corporización del material no se hace evidente es “Sueño y revolución”. Es un trabajo que se deja afectar por la luz del espacio cambiando dependiendo como es influído por la misma. Quizás el cuerpo aparece en el mismo de manera fantasmal por el modo en que es desplegado el cartón, que nos hace pensar en la forma en que se transforman las cajas en camas en la calle.

El interes de Gruppalli sobre el cuerpo propio como jeroglífico donde se lee algo sobre uno ajeno a todo pensamiento, continua aquí, pero esta vez los materiales conforman una nueva paleta de color y dureza, entablando una posible relación con el arte povera. Los materiales y medidas de las cosas que se encastran son escala humana, posibles de manipular con una sola mano. Como particularidad, hay en todos un diálogo con lo artesanal como parte de la conformación de la ficción propia de la exhibición.

Luis Vaché